A solo dos días de su llegada a Panamá, el senador republicano Marco Rubio avivó la retórica sobre la presencia de China en el país y la posibilidad de que Estados Unidos busque una mayor injerencia en el Canal de Panamá. En una entrevista reciente, Rubio aseguró que el canal está bajo una “amenaza china” y que la administración de Donald Trump considera que Washington debe “retomar el control” de esta infraestructura clave para el comercio global.
Las declaraciones del influyente senador de Florida, conocido por su línea dura contra Beijing, llegan en un contexto en el que la política exterior de Estados Unidos mantiene a América Latina bajo su radar estratégico, especialmente en el ámbito comercial y de seguridad. Según Rubio, China tiene un nivel de influencia inaceptable sobre la infraestructura portuaria y ferroviaria en Panamá, lo que –según él– representa una amenaza para los intereses de su país en caso de un conflicto internacional.
¿Un giro en la política estadounidense hacia Panamá?
Desde la reversión del canal en 1999, Estados Unidos ha respetado formalmente la soberanía panameña sobre la vía interoceánica. Sin embargo, discursos como el de Rubio sugieren que ciertos sectores en Washington consideran que la relación entre Panamá y China podría ser motivo de preocupación para la Casa Blanca.
Rubio también hizo referencia a los acuerdos comerciales de Panamá con Beijing y la decisión de 2017 de reconocer a la República Popular China en detrimento de Taiwán. Para el senador, esto ha llevado a una mayor influencia china en sectores estratégicos, incluyendo la operación de puertos en ambos extremos del canal, lo que podría usarse como un «arma geopolítica» en caso de conflicto.
¿Retórica de campaña o advertencia real?
Las afirmaciones de Rubio reflejan la postura de sectores republicanos que ven a China como una amenaza directa a la seguridad nacional de Estados Unidos. La coincidencia de su visita a Panamá con un año electoral en EE. UU. sugiere que este tipo de discursos no solo responden a preocupaciones estratégicas, sino también a la necesidad de reforzar una imagen de firmeza ante China dentro del electorado estadounidense.
Por ahora, la administración panameña no ha reaccionado oficialmente a estas declaraciones, pero el tema inevitablemente marcará la agenda política durante la visita de Rubio. La gran interrogante es si estas declaraciones se traducirán en una presión más intensa de EE. UU. sobre Panamá o si solo forman parte de una estrategia discursiva de cara a las elecciones presidenciales de noviembre.
Lo cierto es que, en medio de la pugna entre potencias, Panamá sigue siendo un punto clave en el tablero geopolítico. La visita de Rubio será un termómetro para medir hasta qué punto la relación con Washington podría redefinirse en los próximos meses.

