WhatsApp Image 2026 08 03 at 9.44.51 AM

Desde la superficie, el Golfo de Chiriquí parece un paisaje de aguas tranquilas salpicado por decenas de islas cubiertas de bosque. Pero bajo ese escenario se desarrolla uno de los ecosistemas marino-costeros más ricos del Pacífico panameño. Arrecifes coralinos, praderas marinas, fondos rocosos y manglares sostienen una compleja red de vida que, cada año, recibe a uno de los visitantes más emblemáticos del océano: las ballenas jorobadas.

Hoy, el Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí cumple 32 años de proteger ese patrimonio natural. Creado mediante la Resolución de Junta Directiva No. 019-94 del entonces Instituto Nacional de Recursos Naturales Renovables (INRENARE), hoy Ministerio de Ambiente (MiAMBIENTE), el área protegida se extiende entre los distritos de David y San Lorenzo, abarcando los corregimientos de Pedregal y Boca Chica.

Con 14,740 hectáreas, de las cuales cerca del 90 % corresponde a superficie marina, el parque resguarda 44 islas, islotes y cayos que forman parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP). Su Plan de Manejo, aprobado en 2011, define cómo conservar estos ecosistemas sin excluir actividades tradicionales como la pesca artesanal y el turismo de naturaleza.

El refugio donde nacen las nuevas generaciones

Entre julio y octubre, el parque adquiere un protagonismo especial. Miles de kilómetros después de abandonar las aguas frías donde se alimentan, las ballenas jorobadas llegan al Golfo de Chiriquí para reproducirse, parir y criar a sus ballenatos en un ambiente de aguas cálidas y relativamente tranquilas.

Las Islas Paridas constituyen uno de los principales refugios utilizados por estos cetáceos durante esa etapa de su ciclo biológico.

Para el director regional de MiAMBIENTE en Chiriquí, Ernesto Ponce, esa condición convierte al parque en un sitio de importancia ecológica que trasciende las fronteras nacionales. «El turismo representa una oportunidad para la economía local, pero debe desarrollarse con responsabilidad. Las madres con sus crías necesitan tranquilidad durante una de las etapas más sensibles de su vida, y nuestra responsabilidad es garantizar que ese proceso ocurra con la menor perturbación posible», afirmó.

El funcionario destacó que el fortalecimiento del control y la vigilancia, sumado a años de educación ambiental con comunidades y operadores turísticos, ha permitido conservar el área y fomentar una cultura de mayor respeto hacia la fauna marina.

Observar sin alterar

El crecimiento del avistamiento de cetáceos ha convertido al Golfo de Chiriquí en uno de los destinos más atractivos para el turismo de naturaleza. Sin embargo, acercarse a una ballena implica seguir normas estrictas diseñadas para proteger tanto a los animales como a quienes los observan.

La jefa de Costas y Mares de MiAMBIENTE en Chiriquí, Zuleima Madrid, explica que las embarcaciones deben mantenerse a 250 metros de las ballenas y permanecer un máximo de 30 minutos cuando se trate de ejemplares adultos. Si hay una cría, el tiempo permitido se reduce a 15 minutos.

En el caso de los delfines, la distancia mínima es de 100 metros.

Las embarcaciones deben aproximarse en paralelo al desplazamiento de los animales, nunca interceptar su ruta ni rodearlos. Durante la observación, el motor permanece en posición neutral y los ecosondas deben apagarse para no interferir con la ecolocalización que utilizan estos mamíferos para orientarse, comunicarse y localizar alimento.

Madrid señaló que MiAMBIENTE desarrolla actualmente un monitoreo de megafauna marina en el Pacífico y el Caribe, que incluye ballenas, delfines y aves marinas migratorias. Los datos obtenidos también permitirán evaluar si fenómenos como El Niño están modificando las rutas migratorias o retrasando la llegada de las ballenas al Pacífico panameño.

Bajo el agua está el verdadero bosque

Aunque las ballenas concentran buena parte de la atención, el corazón ecológico del parque se encuentra bajo la superficie.

Los arrecifes coralinos funcionan como auténticos viveros del mar, donde cientos de especies encuentran refugio, alimento y sitios para reproducirse. De ellos depende buena parte de la productividad pesquera del Golfo de Chiriquí.

El inspector del Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí, Carlos Iván Saldaña, explica que estos ecosistemas sostienen la base de la cadena alimentaria marina. «Los arrecifes son los viveros del mar. Allí se refugian peces, crustáceos y una enorme diversidad de organismos que dependen de este ecosistema para sobrevivir.»

Entre las especies de coral más representativas del parque sobresalen Pocillopora damicornis, de crecimiento ramificado, así como los corales masivos Porites lobata y Pavona clavus, conocidos popularmente como «múcura». Estos se complementan con otras especies propias del Pacífico panameño, formando estructuras arrecifales que se desarrollan principalmente entre los 20 y 30 metros de profundidad.

Su importancia explica por qué el Plan de Manejo restringe actividades que puedan afectar estos ecosistemas. La pesca artesanal tradicional continúa permitida bajo criterios de sostenibilidad, pero los trasmallos deben colocarse lejos de las islas para evitar daños a los arrecifes. También se prohíben los torneos de pesca y el uso de arpón, mientras que la captura de langosta solo puede realizarse manualmente y respetando tallas mínimas y periodos reproductivos.

Paralelamente, MiAMBIENTE realiza evaluaciones periódicas para conocer el estado de salud de los arrecifes e identificar posibles afectaciones ocasionadas por el cambio climático, el blanqueamiento coralino, enfermedades o el fondeo de embarcaciones sobre estas frágiles estructuras. La información obtenida orienta las decisiones de manejo y permite definir zonas donde será necesario reforzar las medidas de protección.

A 32 años de su creación, el Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí sigue demostrando que conservar un área protegida va mucho más allá de preservar un paisaje. Significa resguardar los lugares donde nacen nuevas generaciones de ballenas, donde los arrecifes sostienen la vida marina y donde el equilibrio entre conservación y desarrollo local continúa escribiéndose día tras día en las aguas del Pacífico panameño.

WhatsApp Image 2026 08 03 at 9.44.52 AM
Comparte esta noticia

Por c2031729

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *