Gricelda Melo
Periodista y abogada
Se trata de una delgada línea que exige responsabilidad y mucha ética. Cuando la opinión sale a flote dentro de los noticieros, la audiencia fácilmente suele confundirse. En ocasiones no sabe diferenciar entre lo que es una opinión y la noticia en una misma franja informativa.
En la actualidad, la velocidad con la que viajan los datos es asombrosa; informar y opinar a la vez, puede desinformar y, más aún, cuando un periodista o presentador editorializa dentro de un mismo espacio informativo. Por respeto a la audiencia, se debe dejar claro por parte del medio que esta acción corresponde a la opinión del periodista o presentador y no obedece a un hecho noticioso como tal. Este es un aspecto básico de la ética y también de la llamada autorregulación de los medios.
Como lo es sabido, la opinión es un género dentro del periodismo que tiene su lugar y que requiere de sensatez; no se debe disfrazar la opinión de noticias y mucho menos hacer una interpretación personal como si fuera parte de un hecho. Estas acciones contaminan el relato informativo, erosiona la confianza en los medios de comunicación y, principalmente, confunde a la audiencia.
En Panamá existe la autorregulación de los medios, debe evitar que los noticieros se conviertan en tribunas editoriales encubiertas y separar siempre la información de la opinión.
Ejercer el periodismo se trata de hacerlo con compromiso. No estamos para decirle o inducir a la gente cómo actuar o qué pensar; simplemente, debemos aportar herramientas que permitan generar ese pensamiento crítico y esto se traduce en presentar los datos, dar espacio a múltiples fuentes, brindar el contexto de rigor.
Tenemos que tener claro que si un periodista o presentador quiero opinar, debo hacerlo a su nombre propio, buscar columnas, editoriales o espacios en donde se le defina a la audiencia de principio a fin de que los comentarios emitidos son a nombre propio; pero no se debe mezclar la opinión y la información.

