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La reciente visita del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio a Costa Rica desató una ola de críticas, especialmente por parte de la diputada Rocío Alfaro Molina, quien denunció la sumisión del presidente Rodrigo Chaves ante las presiones de Washington. En su intervención, Alfaro señaló que EE.UU. no solo dicta qué empresas pueden operar en el país, excluyendo a proveedores chinos como Huawei, sino que también amenaza con sanciones a funcionarios costarricenses que desafíen sus lineamientos.

Más allá de la política interna de Costa Rica, Alfaro Molina puso sobre la mesa un tema de alcance regional: la defensa del Canal de Panamá. La diputada enfatizó que la soberanía del istmo no solo compete a los panameños, sino a toda América Latina, dado su impacto estratégico y económico. Su llamado plantea un debate crucial sobre el papel de la región en la protección de sus recursos frente a injerencias extranjeras.

El contraste en la actitud de Chaves es evidente. Mientras se muestra combativo en la política nacional, ante el emisario estadounidense se ha mostrado sumiso, sin cuestionar ni defender los intereses soberanos de su país. Esta postura evidencia una tendencia común en la región: discursos de firmeza hacia adentro, pero docilidad ante las potencias que imponen su agenda.

Este episodio deja en claro que la soberanía no puede ser solo una consigna. América Latina enfrenta el desafío de articular una postura común frente a las presiones externas, especialmente en temas estratégicos como el Canal de Panamá. Si la región no asume una defensa coordinada de sus intereses, seguirá siendo un terreno fácil para el dominio geopolítico de las potencias.

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