En una intervención marcada por el sarcasmo y la falta de empatía, el presidente de la Comisión de Gobierno, Luis Eduardo Camacho, minimizó la propuesta del diputado Jorge González sobre la revisión de dietas de funcionarios, indicando que hay temas de mayor relevancia en la Asamblea Nacional, como el presupuesto de la Universidad de Panamá.
Durante el período de incidencias, Camacho aprovechó para lanzar ataques personales, sugiriendo que González padecía de un «déficit de atención» y recomendándole de manera despectiva que buscara un psicólogo.
Este enfoque burlesco refleja la actitud poco seria que muchos perciben en la Asamblea, donde los temas de transparencia y ajuste de gastos innecesarios, como las dietas, son frecuentemente ignorados o relegados a un segundo plano.
Sin embargo, la propuesta de González no es menor. El control de dietas en funcionarios que incluso cobran por reuniones que tienen lugar en sus propias oficinas es un síntoma de la corrupción enquistada en la administración pública panameña.
Descartar la importancia de corregir estos abusos bajo el argumento de que «hay temas más urgentes» ignora la base del problema: la mala gestión de los recursos públicos, que impacta directamente en la confianza de los ciudadanos.
Validar y corregir estos errores, lejos de ser una distracción, es un paso fundamental para combatir la corrupción desde sus raíces.
El sarcasmo de Camacho al sugerir que la reducción de dietas «no es relevante» subraya cómo la política tradicional evade la responsabilidad frente a los abusos del sistema.
Si bien el recorte presupuestario a la Universidad de Panamá es un tema serio, utilizarlo como excusa para desestimar iniciativas que buscan fiscalizar los beneficios de los funcionarios es contraproducente.
En una asamblea que debería velar por la transparencia, la propuesta de González resalta como una llamada de atención necesaria para detener prácticas corruptas que siguen drenando los recursos del país.

