La llegada del secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, a las esclusas de Miraflores, en el Canal de Panamá, es un evento que trasciende lo protocolar y se inscribe en un contexto de alta tensión geopolítica.
No es una simple visita a una obra maestra de la ingeniería ni un acto de cortesía diplomática. Es, en esencia, un mensaje de la administración de Donald Trump a Panamá y al mundo: Estados Unidos no está dispuesto a ceder más influencia en la región y, mucho menos, en el canal que alguna vez controló y cuya relevancia estratégica sigue intacta.
El secretario de Estado estadounidense fue recibido por el administrador del Canal, Ricaurte Vásquez, quien lo llevó a la torre de control de las esclusas. Ahí se le brindó detalles del funcionamiento y otros temas relacionados.
La visita solamente duró unos 25 minutos, cerrando así Rubio su gira de este domingo.
Como sabrán, Rubio llegó a Panamá con una postura clara: Estados Unidos no permitirá que el Partido Comunista Chino continúe expandiendo su control sobre sectores estratégicos. En su cuenta de X (antes Twitter), el funcionario estadounidense fue enfático en afirmar que, de no haber cambios inmediatos, Washington tomará medidas para proteger sus intereses en el canal, una advertencia que no pasó desapercibida en la región.
Esta afirmación se da en un contexto en el que el Senado estadounidense ha debatido sobre el acceso que empresas chinas han logrado en la administración de puertos panameños y en otros sectores clave, como las telecomunicaciones y la infraestructura energética.
Washington ve con inquietud el avance chino en Panamá, interpretándolo como una amenaza a su influencia tradicional sobre el país.

